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MIGALA (+ Aroah)
16-febrero de 2001
Madrid, Nasti Club

Trescientas dieciséis personas, sin contar músicos, invitados y personal llenaban Nasti y yo buscando la cámara oculta. Otros ciento cincuenta en la calle (tranquilos, volverán). La culpa de querer convertir una diminuta sala en el nuevo camarote de los Marx la tienen, claro, los buenos de Migala, y si alguien se hubiera preocupado por la publicidad hubieran podido tocar sin problema en sitios más grandes.

Como en todo concierto profesional, la tardanza fue norma de la casa y ya el cuerpo se resentía cuando apareció Irene R. Tremblay (Aroah), que ejecutó el papel de telonera (bien escogida; compartir catálogo en Acuarela presupone tener mucho en común). Tal vez fue su concierto más sorprendente porque presentó por primera vez (y después de su tradicional set acústico) un grupo con instrumentos eléctricos, gracias a los cuales los temas perdían intimidad y dulzura y ganaban en una cierta tensión, en inquietud, que daba nuevas puntos de vista a la propuesta inicial. Lástima que la mitad del público (la otra, aplaudiendo) se dedicara al chateo de cuerpo presente.

Sesenta minutos después, una ovación (y algún grito absurdo como: "yo los descubrí") dio a entender a los que no veíamos nada que Migala estaban en el escenario, acompañados pr Nacho Vegas (Manta Ray).

Tocaba presentar Arde, y se dejaron muy pocas en el camino, además de rescatar "Anciant Glaciar Tongues", de su segundo disco. En directo es loable su esfuerzo por cambiar las canciones, darles nuevos tintes, debido sobre todo al esfuerzo por tocar todos a la vez, apostando por la electricidad sobre los sonidos pregrabados. Canciones muy lineales como "La Espera" se volvían tensas (casi recordaba a Mogwai), y viceversa ("Suburbian Empty Movie Theatre"). Pero el gusto por los silencios y (a veces) la presencia aislada de los instrumentos en sus discos se perdía entre el ruido del propio grupo.

Para el bis se dedicaron a trastocar "A Fistfull of Coincidences" en un marasmo violento y esquizofrénico (Abel Hernández gritaba como un condenado), y ya me daba la sensación de que había sido una actuación monótona (sin ritmo) y distante, pero también es cierto que desde aquel concierto de Radio 3 al que fui han mejorado mucho. Su propuesta ya es del todo defendible.

- Jose Luis Carrasco





Texto: Jose Luis Carrasco
Fotos: Iñigo Ballester



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