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LA MUÑECA DE SAL
20-octubre de 2000
Madrid, Siroco

"Hoy no hay concierto. Además los conciertos suelen comenzar a las nueve y media de la noche, así que . . .no sé . . . ¿oye, sabes tú algo de un concierto esta noche?". La sorpresa con la que recibieron los encargados de puerta de la sala Siroco mi pregunta sobre la actuación esa misma noche de La Muñeca de Sal, no era sino el reflejo del adocenamiento crónico que sufre la música en nuestro país. Y es que no podemos tomarnos la desgraciada incidencia en la puerta de la citada sala madrileña sino como un tragicómico episodio de la ignorancia estatal, y más teniendo en cuenta que tras bajar las escaleras, nos encontramos a Juan Luis Salmerón (guitarra), Juan José López (guitarra y voz) y al resto de la banda valenciana empuñando sus instrumentos para deleitarnos con una sorprendente sesión del mejor post-rock que circula hoy en día por estos lares.

La noche reunía todas las condiciones para que el concierto de La Muñeca de Sal resultase un éxito. Madrid "alternativo" había acudido dos horas antes a la actuación de Mojave 3 en la sala Caracol, y el final de la misma se ajustaba en horario con extrema precisión al comienzo del concierto de La Muñeca de Sal. Pero que si quieres arroz, Catalina. Entre las escasas cincuenta personas que habitaban la sala Siroco, tan sólo diez prestaban algo de atención al concierto, e incluidas en esa decena se incluían un par de tipejos que cargados de alcohol hasta las orejas movían su cabeza y su cuerpo cual engendros de disco-pub bailando aquel ritmillo "un, dos, tres, un pasito p'alante María". Descorazonador. Tras el desconcertante incidente de la puerta y la paupérrima asistencia al evento, tan sólo nos quedaba disfrutar lo más posible de la actuación...

¡Y vaya si lo hicimos!. La única referencia que teníamos de los valencianos, procedía de aquel "Miedo" con el que participaban en el recopilatorio para Rock de Lux del sello che Tranquilo Niebla. Aquel tema, que tuvo cabida en el concierto de ayer, demostraba que a La Muñeca de Sal le sobraban recursos para acercarse con elegancia a The Cure, y que la voz de Juan José podía ser tan triste y quejumbrosa como la de 'Jota'. Y eso no es moco de pavo, que diría aquel. No hemos tenido la ocasión de escuchar sus tres trabajos publicados hasta la fecha, el minicd Ultra-realidad (97), y los álbumes Pirueta (98) y Marina (2000), pero su concierto en Siroco nos dejó tan entusiasmados que no creo que tardemos mucho en hacer acopio de su discografía.

Dos guitarras, bajo, batería (quizá lo menos bueno del conjunto), teclado y sintetizador, componían el grupo instrumental que nos hizo vibrar de emoción como pocos grupos de este país logran apenas soñar, a la altura de bandas madrileñas como Migala y A Room With A View, o catalanas como Beef y Aina. Los primeros compases de la primera canción ya nos prevenía de lo que se avecinaba. Los ecos tortoisianos resonaban en el teclado mientras las guitarras dibujaban un crescendo lento y sostenido, y la batería acompañaba silenciosa y lejana el devenir de la energía que imprimían en sus instrumentos, y poco a poco iban resumiendo un compendio de sonidos que nos llevaban de la mano por los caminos que en su día exploró Mogwai (hondos silencios, palpitantes descargas sónicas). Poco importaba que tan sólo esas diez personas estuviesen pendientes de ellos, porque parecían aislarse hasta de ellos mismos para centrarse en su música. No debe ser fácil enfrentarse a una pieza de diez minutos sin caer en el aburrimiento; tan sólo meterse dentro de ella desde un inicio permite salir a flote del tedio, y La Muñeca de Sal consiguieron no aburrirse ellos, y lo que es más importante, no aburrir y sí en cambio ensimismar a su audiencia. Todo un éxito. En los cuarenta minutos de actuación, tuvimos tiempo de repasar temas como 'Supernova' (magistral), 'Miedo' (oscurísima) y "La Alfombra Mágica", con los que por este orden cerraron su concierto. ¡Y resultó tan corto!. Parecieron menos minutos de actuación de los que marcaba el reloj. Las cinco o seis canciones que compusieron su repertorio nos dejaron con la placentera sensación de haber asistido a la confirmación de La Muñeca de Sal como uno de los baluartes del riesgo en la música de nuestro país. Las influencias de La Muñeca de Sal están claras (Tortoise, Mogwai, The Cure) pero guardan ese pequeño refugio de personalidad que les debe hacer sentir orgullos de saberse deudores de excelentes bandas sin caer en el homenaje continuo, ni en el más descarado de los plagios. Y es que tener buen gusto nunca fue delito.

- Héctor Garrido


La Muñeca de Sal
Foto y texto: Héctor Garrido.



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