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SIGUR ROS
Sala Arena. Madrid
10-Abril-2001

Dioses y monstruos. Las velas encendidas sobre el escenario, el silencio expectante del público congregado en la sala Arena, un cuarteto de cuerda agazapado entre penumbras, la voz de Jonsi como sollozos de ballenas, un teclista descalzo,... elementos orquestados para que el concierto de Sigur Ros se convirtiese en nuestro primer recuerdo simbolista al natural relacionado con la música.

Sin embargo, el pictoricismo sonoro de Sigur Ros tardó en derivar hacia un fin concreto. Tras los primeros acordes pensé catalogar a los islandeses como un cruce entre Enya y Mogwai. Pero conforme pasaban las canciones, ellos mismos se encargaron de demostrarme que allí, el único cruzado era yo,... un cruce entre burro y Rompetechos. La música de Sigur Ros es absoluta, inquietante y claustrofóbica. Son ecos submarinos extraídos de su hábitat y enlatados en samples, teclados, violines, suaves percusiones y coros misales. Sigur Ros desgranó gran parte del aclamado Agaetis Byrjun, donde no faltaron piezas como "Ný Batterý" o "Svefn g Englar". Los murmullos entre los asistentes partían del "¡impresionante!", viajaban por el "¡increíble!" y terminaban con el más significativo de los silencios, aquel donde la boca abierta no permite articular palabras.

No necesitamos a Enrique para saber que el concierto de Sigur Ros fue casi una experiencia religiosa. ¿Alguien vió, como yo, a la diosa vestal sobre el escenario?. Lo dicho,... dioses y monstruos.

-Héctor Garrido


Jonsi: aullidos submarinos

Fotos y texto: Héctor Garrido



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