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SONIC BOOM
9-noviembre de 2000
Madrid, Nasti Club

Apareció todo de negro, dijo Good evening, thanks for coming, y acto seguido nos dio la espalda y llenó la sala con las atmósferas de las supernovas y los zumbidos del ruido blanco, extrayéndolas de la maquinaria más extraña que he visto en un concierto (muy curioso aquel enorme panel con tantas clavijas). Sesenta minutos ininterrumpidos de vibraciones submarinas que acabamos escuchando sentados. Cierra los ojos y verás, como dice uno de sus temas.

Eran las doce y media y callamos de repente cuando un ligero zumbido surgió de los altavoces, ascendiendo con suavidad. Cuando a éste se le añadieron otros tantos, oscilaciones y ecos subterráneos también ascendentes, habían pasado varios minutos y aquel sonido distante era ya una amalgama lisérgica avanzando lentamente a base de feedbacks obsesivos no se sabía muy bien hacia dónde. Lo más parecido a un ritmo tardó media hora en aparecer, y recuerdo dos o tres clímax, potenciados por un tono gravísimo que hizo vibrar nuestra ropa, pero todo de forma tan vaga que no nos enterábamos. Con el tiempo torcido, nuestras mentes llenas de frecuencias y aquella niebla gris poco a poco nos faltaba la respiración hasta que... Aplausos; Sonic Boom se va. Aún nos quedaba un "bis": diez minutos más improvisados. Y rápidos. Ruidos en cadena, una especie de caja de ritmos y una voz que repetía, cada vez más lentamente la única frase del concierto (de una canción de Forever Alien): this is the end, this is the end, this is the end...

Sonic Boom sigue su camino sin mirar atrás y para su próxima encarnación no puedo imaginar salida posible, su concierto ofrece un ambiente abierto a los sonidos e improvisaciones y cerrado a toda idea externa; electrónica fría llena de sí misma, sólo apta para oídos tranquilos, tan genial o intrascendente como tú mismo decidas.

La propuesta de Sonic Boom ha ido radicalizándose poco a poco desde sus primeros pasos con Spacemen 3 en 1984, y contemplándola ahora, con la facilidad para la perspectiva que da el tiempo, se ve la coherencia de sus pasos. Bajo el liderazgo compartido con Jason Pierce, Spacemen 3 proponían llegar a los estados emocionales del blues o el gospel mediante el ruido más repetitivo e hipnótico y al revés, revolucionar el ruido con las melodías y temas más tradicionales. Una paradoja hecha grupo que ofreció discos impresionantes en los que primaba tanto el fondo (el amor, dios, las drogas y sus fines autodestructivos y espirituales) como la forma (la repetición como trance, el ruido como sublimación, el minimalismo como letanía). Cuando la evolución de la banda les lleva a plantearse cómo seguir interpretando ésta división, Pierce y Kember dejan de hablarse y siguen sus propios caminos, siempre investigando sus postulados iniciales: Pierce funda Spiritualized y en 1997 publica Ladies and Gentleman we are floating in space, que prefiere las raíces y los sentimientos concretos sobre la abstracción. A Sonic Boom, dividido en dos proyectos: Spectrum y Experimental Audio Research (junto al my bloody valentine Kevin Shields) también se le notan esos gustos añejos (pistas: el EP de versiones Indian Summer y algunas canciones de Highs, lows and heavenly blows), pero con el tiempo ha ido abstrayendo los sentimientos hasta anularlos en las ondas del ambient (Pierce dijo de él que más que musico era un constructor de sonidos). Y hasta hoy, con éste concierto que nos ha presentado su actual trabajo, nacido tan sólo de la experimentación a ultranza, quizá influída por sus propios héroe: Suicide o Silver Apples (q parieron un disco a medias con él, por cierto). Peter Kember ha asesinado las melodías, pero por ahora no hay por qué lamentarse.

- Jose Luis Carrasco



Texto y Fotos: Jose Luis Carrasco



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