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Hace apenas ocho meses coincidí en una cafetería con Abel Hernández. Sentados en unos cómodos sillones y con una cerveza entre las manos, manteníamos una agradable charla sobre lo que por entonces era el embrión de Arde (Acuarela, 2000), el trabajo más reciente de Migala. La banda madrileña se encontraba en esos momentos en pleno proceso compositivo. Las canciones todavía eran meros bocetos. Las palabras de Abel denotaban una ligera preocupación, pero no pude averiguar el motivo. Temí que cinco años de trabajo colectivo, cinco años de creación musical constante y compartida, pudiesen haber agrietado la solidez artística de Migala. No hubiese sido la primera banda con aquel tipo de problema, y por supuesto, no sería la última. Abel no quiso decírmelo y tampoco tuve el valor de preguntarlo, pero en su tono de voz y en sus palabras, se notaba que finalizar Arde se estaba convirtiendo en un parto extremadamente doloroso.

Hoy, dos meses después de la publicación de Arde, parece que las aguas han vuelto a su cauce y descansan tranquilas en el mar Migala. El reconocimiento unánime de la crítica nacional hacia su último trabajo, y el creciente interés internacional por su música, parece haber abierto una nueva ventana que ilumina las esperanzas de futuro del sexteto madrileño. Las ofertas de conciertos no paran de llegar a las oficinas de Acuarela; la VPRO solicitó su presencia para el festival anual que cada año celebra la cadena pública holandesa, y pocas ciudades importantes en Francia pueden decir que no hayan disfrutado de su directo. Incluso podría decirse que Migala son la cabeza del convoy que está llevando a Acuarela a ser un sello reconocido más allá de nuestras fronteras. Y es que no solamente nuestros vecinos franceses se rinden a sus pies. Stuart Murdoch (Belle & Sebastian) se declara fan reconocido, el archiconocido sello estadounidense SubPop ha tomado las riendas de la edición del disco en Estados Unidos, e incluso una revista de Corea del Sur ha publicado un artículo con la traducción de las letras de Arde.

Ocho meses después, quisimos comprobar con Abel Hernández (voz, guitarras, teclados, ruidos varios) y Diego Yturriaga (acordeón, dulzaina, casiotone, coros) hasta qué punto la expansión internacional ha alimentado sus expectativas para el futuro. Pero sobre todo, pretendimos excavar en las profundidades de Arde, perforar la roca, descubrir lo que esconde cada canción tras su letra, comprobar si los daños que Arde infligió en los componentes de Migala, fueron estructurales, o simplemente coyunturales. La conversación terminará convirtiéndose en aquella típica y recurrente charla filosófica que suele culminar tantas y tantas noches de fin de semana. Etílicamente sobrios, pero emocionalmente ebrios.

Toda la carrera de Migala se ha desarrollado al amparo de Acuarela. La simbiosis entre sello y banda ha alcanzado cotas impensables en cualquier relación profesional. La amistad y la conexión artística/estilística entre las partes sugiere un matrimonio indisoluble. ¿Podríamos nosotros imaginar a Migala en un sello que no fuese Acuarela? Al parecer Migala lo tienen bastante claro.

Diego: "No. Ni de coña"

Abel: "No. Además, en estos tres discos que hemos publicado con Acuarela, he notado que ha habido una progresión; quizás no tanto estilística o musical, como de implicación profesional, de consolidación de un grupo de seis personas y consolidación de una compañía de discos como Acuarela. Cuando nosotros entramos en Acuarela, el sello estaba en un momento débil. Medication no acababan de hacer el disco, no se sabía nada de Paperhouse, Sr.Chinarro -muy en lo suyo- , no era demasiado constante. Pero con el tiempo, Acuarela ha ido creciendo, en parte debido a Migala y en parte debido a un esfuerzo y a un sentimiento de implicación por parte de todo el mundo, tanto del público como de la prensa"

En cambio, la implicación del público y de los críticos es completamente divergente. Migala parece la excusa perfecta de aquellos que distinguen entre grupos-para-la-crítica y grupos-para-el-público. El público suele ser bastante escéptico al recibir las hojas promocionales de Migala. No hace mucho tiempo, fui testigo de una absurda discusión entre los que defendían el tono "inteligente" de las hojas promocionales de Acuarela, y los que tildaban al estilo de Acuarela como arrogante y altivo.

Abel: "La gente se deja provocar fácilmente. Si decimos que somos un colectivo de no-músicos tienes durante cuatro años a periodistas pendientes del "por qué sois un colectivo de no músicos. Acuarela tiene que vender discos y entendemos que es una empresa. Pero se diferencia de las otras en que, aparte de querer sacar una rentabilidad económica a los grupos, le importa la música. Jesús nos ve muy a menudo, nos conoce, nos tantea. Tiene mucha psicología, es clarividente. Y si en una hoja promocional, dice que cierto concierto es especial (se refiere al concierto del 16-Febrero en la sala Nasti, anunciado por el sello como el concierto más importante en la historia de Migala), pues es porque él piensa que es especial"

Diego: "A mí me parece que básicamente a Acuarela Discos le gusta la música, y lo sé porque a Jesús le conozco desde hace muchos años"

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