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Recuerdo cuando jugaba al Quake y el marine caía al agua sin poder regresar a la superficie: boqueaba como un animal pequeño, lo que me causaba una sensación opresiva, de ahogo y angustia. Algo así ocurre al escuchar Ezarian: la saturación es abrumadora, sobre todo cuando la voz se pierde, desenfocada, entre bajos de cemento.

Lisabö vienen de Irún, tienen dos baterías un dulce porvenir. Ezarian, ya desde su exquisito diseño, es una pieza atractiva, que aporta la imagianción y frescura que otros grupos nacionales ya estaban olvidando por despiste o estancamiento (Manta Ray, Beef). Claro, yo también reconozco huellas: la voz nerviosa en Jesus Lizard, el desgarro emocionante de Slint o la violencia con cerebro de Shellac, pero aceptando cierto mimetismo tiene canciones sinceras y letras extraordinarias, de una serenidad y comedimiento envidiable.

Casi todo es mejorable en Ezarian, sobre tod su producci´no grisácea que aplasta al que lo oye. Pero éste primer puñetazo se mantiene digno y valient, por incluir violines y acordeón sin que nada chirríe, por su actitud cercana, severa y lúcida, siempre comprometida consigo misma. Por su forma de tocar, que transmite un sonido arenoso y vivo.

Lisabö tienden puentes con orgullo. Touch & Go, Kranky o Constellation se pelearían por ellos. Pero mejor no divagar con futuros o responsabilidaes. Ahora prefiero disfrutar de lo bueno que tiene Ezarian, porque a lo mejor mañana es demasiado tarde.

- Jose Luis Carrasco

EZARIAN:
Lisabö
(Esan Ozenki, 2000)



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